Chicas, después de haber compartido durante cinco años angustias, penas, sinsabores y alegrías, el 30 de Noviembre de 1961 nuestros destinos se bifurcaron. No hay duda que al dejar la escuela todas creíamos tener el mundo en las manos, todas teníamos propósitos, sueños e ideales que esperábamos alcanzar. Lo que no sabíamos entonces era que la vida no era tan fácil como la imaginábamos. No obstante, a pesar de haber emprendido distintos caminos y de haber encontrado otras personas que cambiaron nuestras vidas, la nostalgia de la escuela de tanto en tanto es una lejana señal luminosa que trae a la memoria los tiempos que no volverán.
Algunas habrán tenido éxito en sus empresas, otras quizás tuvieron desilusiones por no poder satisfacer sus expectativas. De algo estoy segura, y.es que en distintos momentos de nuestras vidas todas hemos tenido no solo regocijos sino que también aflicciones y sufrimientos que hemos debido afrontar con entereza y responsabilidad, siendo estas últimas cualidades que las hermanas del Sagrado Corazón infundieron en nuestras vidas durante el periodo educativo. Estos infortunios pasados se traducen hoy día en nuestra madurez tanto intelectual como espiritual, en nuestra mayor capacidad de comprensión y empatía. Diría que las dificultades que la vida puso en nuestros caminos fueron poco a poco templando nuestros caracteres.
Hoy después de 50 años algunas somos abuelas y al mismo tiempo estamos siendo educadoras de nuestros hijos y nietos tratando de hacer de ellos personas honestas, rectas y capaces de enfrentar la vida con el mismo coraje y determinación con que nosotras lo hicimos.
Como última reflexión cabe señalar que con el pasar de los años estamos siendo vulnerables y nuestro subconsciente ha comenzado a darnos indicación que nuestras metas están llegando a la cúspide final, por consiguiente tratemos de vivir con plenitud y gozar de cada momento del día como si fuera el último. Aquí recuerdo vivamente a la hermana Modesta, cuando nos amonestaba "niña hay que estar siempre preparada".
Con motivo del 50 aniversario de nuestra graduación y a pesar de la distancia que nos separa quisiera estar con ustedes, si bien no puedo hacerlo en persona les mando a través de este medio no solo mi pensamiento sino que también un abrazo grande y un beso. Me hubiera gustado poder reencontrar a todas mis compañeras con las cuales he compartido recuerdos memorables. Mis intenciones y oraciones también están dirigidos a las que ya no están entre nosotras y que fueron parte de nuestro equipo.
Finalmente, mi última consideración se eleva a la hermana Cesarina que según entiendo es la única sobreviviente de nuestra época. Un abrazo grande y un beso también para ella.
Con mucho cariño:María Marta Soerensen-
Egresada del Colegio Sagrado Corazon de San Martin.
Vancouver.Canada.
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